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Cuando visitamos las comunidades de los cerros, nuestro propósito es interiorizarnos de las necesidades de la gente y que proyectos se puede impulsar.

 

Nos parece muy importante  jugar con los niños, rezar juntos y sentarnos a compartir un almuerzo, donde es la oportunidad de escuchar a la gente del lugar.

 

Al volver nos quedamos con la sonrisa de los niños y los afectos de los mayores.